Cuencamé
Concuemi” o “Concuemitl”, es una palabra de origen náhuatl que significa: “las tierras labradas” o “las tierras de cultivo”, la cual los españoles castellanizaron para ser llamada Cuencamé, tal como hoy la conocemos.

Un recorrido por Cuencamé: historia, naturaleza y sabor
El municipio de Cuencamé se ubica en la región oriental del estado de Durango y es uno de los más extensos de toda la entidad. Su territorio abarca distintos mundos climáticos: al norte, un semidesierto con carácter propio; al sur, un clima cálido y seco; y en la zona de Los Llanos, un ambiente templado que invita a quedarse.


Naturaleza con identidad
Su vegetación natural está compuesta por matorral y pastizal, donde destacan especies como el sotol, el maguey, la lechuguilla, el guayule, el ocotillo y la gobernadora. Pero si te mueves hacia el sur, en la región de Los Llanos, el paisaje cambia: ahí dominan el mezquite y el huizache, dándole otro aire al desierto.




Cuencamé de Ceniceros: para saborear y sentir
La cabecera municipal es Cuencamé de Ceniceros, un pueblo que hay que recorrer con calma, sin prisas, para disfrutarlo con todos los sentidos. Imperdibles sus gorditas rellenas, el auténtico asadero y el jocoque que sabe a tradición.
Pero Cuencamé también es historia viva. Ahí tienes que admirar su plaza principal, su templo, y el centenario "Reloj de Sol", que parece detener el tiempo. Y si te gusta el arte sacro, no puedes irte sin visitar al Señor de Mapimí, una impresionante escultura de Jesús crucificado, incrustada en un suntuoso retablo de madera tallada en estilo barroco. Es de esos lugares que te dejan sin aliento.

Velardeña: el eco de la minería
A unos pasos de la cabecera se encuentra Velardeña, un pueblo fundado por el Capitán Velarde. Hoy es un sitio minero que todavía respira la época de bonanza. Sus calles y construcciones te transportan directamente a los tiempos en que la plata y el oro movían montañas y sueños.


La Parroquia de Canelas fue edificada a instancias del Excmo. Pedro Sánchez de López, un personaje clave en el desarrollo eclesiástico de la región. Anexa a ella se encuentra una bella torre construida en cantera, de base cuadrangular en su primer cuerpo y de forma octagonal en su continuación. Esta torre presenta dos niveles en los que alternan arcos de claro abierto y cerrado, un rasgo arquitectónico que le otorga singularidad y belleza. En los arcos abiertos lucen campanas de sonido cristalino y agudo, cuyos repiques han marcado el ritmo de la vida comunitaria durante generaciones. Su remate es una cúspide sobre la cual se sostiene una cruz, elevada sobre una bóveda que se recorta contra el cielo azul de Canelas, especialmente bello al atardecer.






Pedriceña: arte virreinal y huellas de Juárez
Luego el camino lleva a Pedriceña, un lugar que guarda dos joyas imperdibles. La primera es su majestuoso templo, que alberga una riquísima pinacoteca virreinal (¡una galería de arte sacro que pocos conocen!). La segunda es la histórica Casa Juárez, un mudo pero elocuente testigo de uno de los pasajes más importantes de México. Fue ahí donde, el 15 de septiembre de 1864, se albergó la República itinerante encabezada por el presidente Benito Juárez García, mientras huía del avance francés. Sí, ese pedazo de tierra duranguense fue capital simbólica de México por una noche.

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