Las Cascadas de Chavarría Viejo

Un par de joyas de la sierra de Pueblo Nuevo

MIGUEL CASTAÑEDA

10/9/2025

Las lluvias van disminuyendo, el otoño ya ha entrado en su casa, la naturaleza sigue su curso… todo cambia a cada momento, y eso es lo único que no cambia. Por esta razón, nos apresuramos a tomar fotos y videos de las cascadas, ríos y lagunas de la sierra y de las cercanías de la ciudad.

En esta ocasión, el fotógrafo y diseñador Manuel Meraz nos invitó a documentar un par de cascadas de Chavarría Viejo: la Cascada del Tule y la Cascada del Rincón. Salimos cuatro amigos fotógrafos: Manuel Meraz —líder de la expedición—, Poncho Gaitán, Alfredo González y yo, rumbo a la carretera libre Durango-Mazatlán. Lo primero que se ocupa es llevar los burritos de rigor, de esos que venden en todas las gasolineras al salir a la carretera. El viaje es placentero; contamos anécdotas de cientos de viajes por todo el estado, admirando los campos repletos de girasoles amarillos y los girasoles morados o lilas, flor que fue promulgada oficialmente como la flor de Durango el 19 de julio de 1985.

Cuando nos dimos cuenta, ya pasábamos por Coscomate para, acto seguido, dar vuelta en Chavarría Nuevo. Seguimos por el camino de terracería unos 8 km hasta llegar a Chavarría Viejo, donde nos estacionamos para caminar un poco y llegar a la Cascada del Rincón. El clima es bueno, hay algo de nubosidad y un cielo azul como solo Durango lo pinta. Nos dispersamos para hacer fotos y videos desde cuatro ángulos: con dron, con cámaras de diversos lentes por lo que logramos captar el momento de paz que transmite la cascada, sin ganas de irnos, pero con la prisa de que se acercan las nubes. Partimos entonces hacia la segunda cascada, que está a unos 8 km.

Estacionamos la camioneta muy cerca de lo que sería la parte alta de la cascada, por lo que es necesario bajar por un sendero con una vegetación intensa y piedras mojadas —así como las banquetas de las colonias—. Por todo el camino que desciende hasta el río, la cascada se deja ver de costado de forma espectacular. El sonido del agua al caer y al correr es ensordecedor y nos envuelve mientras tomamos algunas fotos con velos de ángel y buscamos el sitio indicado para la foto perfecta.

El clima nos avisa que tenemos que irnos: el cielo se nubla, siendo apenas la una de la tarde, por lo que damos por cerrada la sesión de hoy y emprendemos el camino a casa, no sin antes tomarnos la foto del recuerdo y hacer las bromas pertinentes. En el regreso, el paisaje es para capturarlo con la mente: casas de la sierra entre millones de flores, con los cerros coronados de pinos en diferentes tonalidades de azul, atravesados por chubascos que se ven a la distancia. Un banquete que llena los ojos de vida. Regresamos agradecidos, persiguiendo siempre la próxima aventura.