Catedral Basílica

El edificio más importante de Durango, además de los más bellos en todo el norte de la república. Su construcción data para 1695.

La enorme construcción, de cantera blanca extraída de vetas que se encuentran a un tiro de cañón, fue erigida por generaciones de alarifes, maestros de obra, ebanistas, canteros, herreros, etc., en las faldas de la Sierra Madre Occidental, a orillas del Valle del Guadiana. Su edificación tomó poco más de tres siglos, quedando en el corazón de la ciudad colonial, capital de la provincia y sede del arzobispado de la Nueva Vizcaya, que abarcó hasta San Francisco California, parte de Texas y Nuevo México, Chihuahua, Coahuila y Durango.

Su esmerada simetría, sus portadas cúmulo de estilos barrocos y neoclásicos, sus finas tallas en cantera que guardan las imágenes de la letanía del rosario y a los apóstoles y sus santos, entre follajes de vid, querubines y entrelaces geométricos, guarda en su interior los numerosos Tesoros de la Catedral, su sillería chapeada en oro, sus órganos monumentales, las finísimas esculturas de la Virgen de la Inmaculada Concepción y del venerado San Jorge, las pinturas de Correa, sus eucaristías de oro profusamente decoradas con joyas preciosas, sus altares neoclásicos, son sólo parte de dichos tesoros que generaciones de duranguenses han ofrendado a sus santos patronos.

Jardín Hidalgo

Es sin duda uno de los sitios más acogedores de la ciudad con bellos jardines, es un buen punto de partida para un paseo por el corredor Constitución.

En este lugar había una plazuela conocida como Santa Ana. El 16 de septiembre de 1896 se inaugura el jardín, cambiandóle el nombre por el de Jardín Hidalgo, con motivo de este acontecimiento se colocó en el centro, la efigie de bronce de Miguel Hidalgo y Costilla. Es sin duda una de los sitios más acogedores de la ciudad, con una remodelación en pavimentos, jardines, el templo de Santa Ana, las gorditas tradicionales por la tarde, las gorditas fritas por la noche, puestos de artesanías mexicanas, restaurantes, cantinas y por la noche luce impresionante por la iluminación hacen de esta plaza un lugar que no puede faltar en el itinerario turístico.

Barrio del Calvario

Uno de los barrios más significativos por su ubicación en el Centro Histórico, este barrio debe a su nombre ya que en este cerro se llevaba la ceremonia de semana santa con el vía crucis con su representación viviente.

Hoy en día pasear por este pequeño barrio te lleva por muchos lugares; puedes visitar el teleférico que te lleva al mirador de la ciudad, el teatro al aire libre es un espacio que espera que se toque el rock, la cumbia o lo que sea, en medio del cerro se encuentra la biblioteca central, callejuelas sin salida, callejones llenos con cafés, restaurantes para todos los gustos desde la tradicional mexicana y durangueña, pasando por bares, cantinas, torterías y taquerías las cuales visten las noches de mucha actividad. Por esta zona debes probar la nieve de garrafa en su carrito tradicional y también las hamburguesas del Chivatas, unas hamburguesas muy durangueñas.

Ex Estación del Tren

Construcción Porfiriana de principios del siglo XIX, es una de las más antiguas y bellas en su género, que cuadno se construyó, representó un alarde de modernidad y magnificiencia, pues en aquel entonces los ferrocarriles nacionales era el medio de transportación colectiva más moderno del país, y uno de los mejores en el mundo.

Su gran sala de pasos perdidos, en cuyo piso de mármoles de color se representa una gran estrella de los vientos, se abre al subir una escalinata que conduce al recinto, flaqueada por sendos faroles de bronce estilo Art Nouveau, y enorme portón del mismo material y cristal. En su alto techo de cristal sobre estructura metálica estilo Palacio de Invierno londinense de Gustave Eifel, deja entrar la luz natural, y al frente, justo a la entrada del andén en el que los pasajeros abordan el tren, un colorido vitral, también estilo Art Nouveau, permite que la luz interior se torne de multiples colores.

Cuenta también con las enormes bodegas, de dos aguas, del antiguo servicio expreso del ferrocarril, en las que se embarcaban y recibían mercancías que salían de la ciudad o llegaban de todas partes del país. Su fachada es una combinación de ladrillo refractario color oro pálido, uno de los materiales más representativos de la Revolución Industrial, y la típica cantera blanca de Durango.

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